RunnerMom Amateur

La vida me sorprendió con casi 40 años y una bebe de año y medio. (Ploff)

Mi vida ha sido un ciclo de intensa actividad física en gimnasios, para luego pasar a una total  inactividad, originada principalmente por mi adicción al trabajo, y acompañada ocasionalmente por el absolutamente despreciable vicio del cigarrillo.

Afortunadamente, superé este horrendo  vicio hace casi 8 años y comencé a vigilar un poco los hábitos alimenticios (aunque mantengo mi debilidad por los dulces).

Para el momento en el que descubrí que estaba embarazada, ya tenía como hábito escalar el cerro los fines de semana, rutina que continúe incluso embarazada, hasta que se me presentó un tema de pérdida de liquido y amenaza de parto prematuro, que me llevó irremediablemente  a quedarme en cama.

Luego del nacimiento de Camila y algunos meses después de ajustarnos a nuestra nueva vida, comencé a sentir esa cosquillita por retomar mis rutinas de ejercicios, después de todo, algo tenía que hacer con ese cauchito post cesárea!

Afortunadamente tengo muchas amigas y primas a las que les llegó la maternidad en paralelo y logramos conectarnos con esa necesidad de ejercitarnos, pero con la calma y la particularidad de tener a nuestros bebes con nosotras.

Así conformamos un nutrido grupo de madres que juntas caminábamos alrededor de Los Próceres (Caracas-Venezuela) una distancia de 5 kilometros con nuestros críos en sus coches, conversando sobre todas las cosas que hablamos las Mamás y  con paradas cada cierto tiempo, bien sea por agua, alguna galletica o un inminente cambio de pañal.

No hace falta decir lo deliciosa que resulta esta actividad, una mañana de ejercicio al aire libre, acompañada de mujeres maravillosas que comparten un tema universal – sus hijos- y además en compañía de esa(s) personita(s) que hacen girar tu mundo. Sencillamente PERFECTO!

Luego de convertir el caminar en un hábito, me di cuenta de que podía y quería ir más allá, y comencé a coquetear con el “Running”…. Fue una experiencia espantosa!

Sentía que mis piernas no daban un paso más, el sol y el calor me aturdían y mi corazón quería salir por mi boca y aterrizar en el coche de Camila.

Lo tomé con calma, respiré y me dije, SI PUEDO!

Un buen día luego de dejar a Camila en el colegio – y como mi horario me lo permitía – me fui a caminar. Sin pensarlo mucho, decidí probar con una técnica para comenzar a correr, donde la idea es correr 2 minutos – caminar 1 minuto y así consecutivamente. De nuevo sentir que quería desmayarme.

Pero, si algo me ha enseñado la maternidad es que nada esta escrito y que con paciencia y constancia todo se puede.

Pues  adapté esta técnica a mis capacidades particulares, y retomé probando correr 1 minuto y caminar 2.

Este sencillo cambio marco la diferencia en todo, pues fue mucho más fácil adaptar mi cuerpo, mis piernas y mis pulmones (ex fumadores) a toda una nueva experiencia.

Incrementando progresivamente los minutos para correr y disminuyendo en paralelo los minutos para caminar, casi sin darme cuenta y en esa misma semana, ya estaba corriendo 7 minutos seguidos.

Hoy en día puedo correr 5 kilometros cómodamente, dejé de mirar el reloj para ver los minutos y ahora sólo me fijo en los kilómetros que recorro, especialmente luego de leer en un reportaje, que por cada kilometro que corres sumas minutos de vida.

Cuando siento que mis piernas están fallando (porque a todos nos pasa) pienso en cada kilometro de vida que estoy sumando junto a mi hija, pues ella es sencillamente la fuerza que mueve mis pies y el impulso de cada latido de mi corazón.

En todo este proceso ocurrió algo insólito! (si, además de que una mujer de 40 años ex fumadora logró correr 5 kilometros sin desmayarse)

Mi hija creció! Y no quiere por nada del mundo acompañarme en coche mientras corro! Evidentemente una niña de más de 2 años con absoluta conciencia de que al final de Los Próceres se encuentra el parque donde ha jugado por más de un año, ella con todas las letras del abecedario comunica que quiere jugar en el parque.

Tanto madre como hija, necesitamos y merecemos un espacio para nuestro disfrute y esparcimiento, y como equipo que se apoya y se respeta constantemente, pues buscamos un punto intermedio para que ninguna de las dos se vea obligada en una actividad que no quiere realizar – como ir en un coche cuando lo que quiere es jugar en el parque, pero tampoco dejar de hacer algo que te satisface – correr-.

En estos momentos tenemos espacios para las actividades de cada una y evidentemente para actividades de disfrute que compartimos juntas, mi sueño es que al llegar a los 5 años me acompañe a correr  mientras pedalea en su bicicleta! Ya les contaré….

Autor entrada: Adriana Alfonzo Herrera

Mujer. Madre. Socióloga. Locutora. Aprendiendo a ser mamá día a día y de la mano de una experta: Camila, mi hija de 6 años. Completamente convencida de que la maternidad, no nos limita como mujeres, nos potencia!

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