ay una sensación muy particular, casi difícil de explicarle a quien no la ha vivido: la de estar detenido en el tiempo mientras todo a tu alrededor sigue avanzando sin pedirte permiso.
Tienes que salir a trabajar. Tienes que sonreír en una reunión. Tienes que seguir dando lo mejor de ti, aunque por dentro sientas que una parte tuya se quedó atrapada en las noticias de hace unos días… Y ahí aparece un miedo muy concreto, muy humano, y muy difícil de nombrar en voz alta: el miedo a que todos se hayan olvidado de lo que pasó en tu país.


