Hay mujeres que llegaron sin red, sin movimiento político detrás y sin que nadie les abriera la puerta. Y en vez de aplaudir eso, ciertos discursos feministas las cuestionan. Esta es la contradicción que pocos quieren nombrar en voz alta.
Cuando el sistema educativo se convierte en el problema
Este año mi hijo me dijo que estaba cansado. No de dormir poco. Cansado de verdad. Y el origen no era él. Era el sistema que se suponía que tenía que acompañarle.
Ansiedad adolescente:
En los años 80 lo llamábamos estrés. Hoy lo llamamos ansiedad. ¿Es lo mismo con otro nombre o algo ha cambiado de verdad? Los datos dicen que sí, y bastante. Esto es lo que sabemos y lo que podemos hacer.
Pantallas, redes sociales y adolescentes:
Tu hijo lleva horas con el móvil y tú no sabes cómo abordarlo sin que acabe en conflicto. La ciencia ya tiene respuestas. Y hay cosas que puedes hacer esta semana.
Lo que la crianza en tribu promete, lo que oculta y lo que yo prefiero llamar de otra manera
La palabra tribu está en todas partes cuando se habla de maternidad. Y yo llevo tiempo sin terminar de sentirme cómoda con ella. No con la idea, sino con la palabra. Esto es lo que pienso.
El día que lloré viendo publicaciones de gofio
Una tarde cualquiera, unas publicaciones del Día de Canarias me devolvieron a Venezuela de golpe. Y me hicieron hacerme la pregunta que llevaba tiempo evitando: ¿qué sabe mi hijo de dónde viene?
Carta a la madre que soy
Esta carta es para la madre que da todo y luego se pregunta si fue suficiente. Para la que se equivoca y lo carga como culpa. Para la que olvidó, entre tanto querer, que ella también importa.
La adolescencia no es el problema. Es la solución.
Durante la adolescencia el cerebro atraviesa su segunda gran reorganización. No es caos ni rebeldía sin causa. Es un proceso de construcción que definirá quién será esa persona el resto de su vida. Entenderlo cambia todo.
Nadie te dijo que ser madre también podía dejarte sola
Hay un tipo de soledad en la maternidad que no tiene culpable claro.
No es la soledad del abandono ni la del conflicto. Es la de volverse invisible de manera gradual. La de que decidan por ti sin preguntarte. La de enterarte por Instagram de una cena a la que no te invitaron.
Tu hijo no se está apagando.
Hay una conversación que se repite en consultas de psicólogos, en grupos de padres y en muchas casas en silencio.
«Mi hijo ya no me cuenta nada.» «Se encierra y no sale.» «Le hablo y parece que no estoy.»
Lo que casi nadie dice después: que todo eso es exactamente lo que tiene que estar pasando.
He escrito sobre los comportamientos adolescentes que más nos preocupan — la puerta cerrada, los monosílabos, la vergüenza de que existas, los amigos por encima de todo — y lo que hay detrás de cada uno según la neurociencia del desarrollo.
Porque hay una línea entre lo normal y lo que sí merece atención. Y confundirlas cuesta caro en los dos sentidos.









