Hay días en que sientes que tus hijos se te escapan de las manos, que su silencio esconde heridas que no sabes cómo sanar.
Te agotas tratando de ser la profesional, la pareja, la hija… y al final del día, apenas te queda fuerza para ser la madre presente que anhelas.
Y aunque tengas formación en crianza, psicología o coaching, también gritas, juzgas o te desbordas… porque frente a tus hijos no eres una experta: eres una madre, con miedo, amor y corazón a flor de piel.
Lo más doloroso no es su distancia: es la culpa de no haber estado “lo suficiente”.
Pero criar adolescentes no requiere perfección… solo amor constante, incluso cuando fallas.
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