Este año mi hijo me dijo que estaba cansado. No de dormir poco. Cansado de verdad. Y el origen no era él. Era el sistema que se suponía que tenía que acompañarle.
Ansiedad adolescente:
En los años 80 lo llamábamos estrés. Hoy lo llamamos ansiedad. ¿Es lo mismo con otro nombre o algo ha cambiado de verdad? Los datos dicen que sí, y bastante. Esto es lo que sabemos y lo que podemos hacer.
Carta a la madre que soy
Esta carta es para la madre que da todo y luego se pregunta si fue suficiente. Para la que se equivoca y lo carga como culpa. Para la que olvidó, entre tanto querer, que ella también importa.
La adolescencia no es el problema. Es la solución.
Durante la adolescencia el cerebro atraviesa su segunda gran reorganización. No es caos ni rebeldía sin causa. Es un proceso de construcción que definirá quién será esa persona el resto de su vida. Entenderlo cambia todo.
Nadie te dijo que ser madre también podía dejarte sola
Hay un tipo de soledad en la maternidad que no tiene culpable claro.
No es la soledad del abandono ni la del conflicto. Es la de volverse invisible de manera gradual. La de que decidan por ti sin preguntarte. La de enterarte por Instagram de una cena a la que no te invitaron.
Tu hijo no se está apagando.
Hay una conversación que se repite en consultas de psicólogos, en grupos de padres y en muchas casas en silencio.
«Mi hijo ya no me cuenta nada.» «Se encierra y no sale.» «Le hablo y parece que no estoy.»
Lo que casi nadie dice después: que todo eso es exactamente lo que tiene que estar pasando.
He escrito sobre los comportamientos adolescentes que más nos preocupan — la puerta cerrada, los monosílabos, la vergüenza de que existas, los amigos por encima de todo — y lo que hay detrás de cada uno según la neurociencia del desarrollo.
Porque hay una línea entre lo normal y lo que sí merece atención. Y confundirlas cuesta caro en los dos sentidos.
Tus hijos no se van a quedar sin trabajo. Pero quizás se queden sin orientación.
El 65% de los niños que hoy están en primaria trabajarán en empleos que aún no tienen nombre.
Para los adolescentes de bachillerato, la cifra es algo menor. Pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿cómo orientas a alguien para un mercado que todavía no existe?
Adolescentes e influencers:
«Tu hij@ no es adicto al celular. Es adicto a sentirse visto.»
En la era digital, los influencers han reemplazado a las figuras tradicionales de referencia para millones de adolescentes. Lo que antes se aprendía en casa o en la escuela, hoy se internaliza en 15 segundos de video: cómo debe verse un cuerpo «válido», qué productos «salvan» una piel joven, qué actitudes definen a un «hombre de verdad».
Este artículo no busca demonizar las redes, sino iluminar los riesgos silenciosos: la delgadez como estándar inalcanzable, la medicalización estética de la adolescencia, la moda rápida como obligación social y la masculinidad tóxica disfrazada de autenticidad.
Lo más importante: Prohibir no educa. Acompañar, sí. Descubre 5 estrategias basadas en evidencia para dialogar sin imponer, proteger sin sobreproteger y ayudar a tus hijos a navegar lo digital sin perder su autoestima en el intento.
Porque la mejor influencia no tiene followers. Tiene tu nombre.
Cuando ninguna “maternidad ideal” te representa:
¿No amamantas? ¿Eres ordenada, trabajas y te arreglas? ¿Estableces límites y duermes separada? No estás fallando. Estás siendo tú. Este es un abrazo a todas las madres que ya no quieren fingir, compararse ni encajar en moldes ajenos… porque su maternidad, tal como es, ya es suficiente.
Entre dos mundos que no convencen a nadie.
Los padres en la cocina, hablando en voz baja para que no se escuche desde el pasillo. «Es que no sé qué le pasa. No tiene iniciativa. Se pasa el día en el cuarto. Le pregunto qué quiere hacer y me dice que no sabe. ¿Cómo que no sabe?









