El algoritmo nos convenció de que la adolescencia es una guerra

Abres el teléfono un minuto para revisar algo puntual, y sin buscarlo, ahí está: un video sobre la última tendencia peligrosa entre adolescentes, un caso de malas compañías, un grupo de chicos haciendo destrozos en algún lugar del mundo. No lo pediste. No lo buscaste. Pero ahí está, todos los días, recordándote que la adolescencia de tu hijo es, según todo lo que consumes, un campo minado.

Y una pregunta empieza a rondar, honesta y agotadora: ¿esto que siento es una percepción real, o es que simplemente me están bombardeando con información seleccionada para asustarme?

Loading

Quitarle el móvil no es un castigo:

Lo hemos hecho casi todas: nuestro hijo o hija hace algo que no debía, y la respuesta automática, casi refleja, es «se queda sin móvil». Se siente como una consecuencia lógica, contundente, justa. El problema es que, según la evidencia, no es ninguna de esas tres cosas.

Quitar el móvil no corrige el comportamiento. Lo pausa. Durante los días que dura el castigo hay silencio, sí, pero no hay aprendizaje.

Loading

Tu hijo no se está apagando.

Hay una conversación que se repite en consultas de psicólogos, en grupos de padres y en muchas casas en silencio.
«Mi hijo ya no me cuenta nada.» «Se encierra y no sale.» «Le hablo y parece que no estoy.»
Lo que casi nadie dice después: que todo eso es exactamente lo que tiene que estar pasando.
He escrito sobre los comportamientos adolescentes que más nos preocupan — la puerta cerrada, los monosílabos, la vergüenza de que existas, los amigos por encima de todo — y lo que hay detrás de cada uno según la neurociencia del desarrollo.
Porque hay una línea entre lo normal y lo que sí merece atención. Y confundirlas cuesta caro en los dos sentidos.

Loading

Ser madre de adolescentes: cuando el amor no basta

Hay días en que sientes que tus hijos se te escapan de las manos, que su silencio esconde heridas que no sabes cómo sanar.
Te agotas tratando de ser la profesional, la pareja, la hija… y al final del día, apenas te queda fuerza para ser la madre presente que anhelas.
Y aunque tengas formación en crianza, psicología o coaching, también gritas, juzgas o te desbordas… porque frente a tus hijos no eres una experta: eres una madre, con miedo, amor y corazón a flor de piel.
Lo más doloroso no es su distancia: es la culpa de no haber estado “lo suficiente”.
Pero criar adolescentes no requiere perfección… solo amor constante, incluso cuando fallas.

Loading