Hay un tipo de cansancio que no viene de trabajar mucho, ni de dormir poco. Viene de cargar, sin darnos cuenta, mochilas que ni siquiera son nuestras.
Son las preocupaciones de otros que adoptamos como propias. Son las decisiones que dejamos de tomar por nosotros mismos porque siempre estamos calculando primero cómo afectarán a los demás… Y cuando ese peso se acumula, sentimos algo que solemos llamar culpa, pero que en realidad, muchas veces, es otra cosa completamente distinta: impotencia.
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