Ser madre no apaga el deseo. Lo desplaza.
Lo entierra bajo capas de disponibilidad, vigilancia y entrega silenciosa —hasta que ya no sabes si extrañas el placer… o simplemente extrañas sentirte habitando tu propio cuerpo.
Estos 7 ejercicios no buscan “recuperar” nada.
Buscan algo más urgente: devolverte el derecho a la neutralidad, al tacto sin finalidad, al silencio sin culpa.
Porque antes que desear a otro, hay que volver a reconocerse.
Y eso —en un mundo que espera que des todo— es un acto íntimo de resistencia.
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