Criar un hijo con criterio propio es un reto, pero duele cuando el colegio lo castiga. Descubre la dura realidad del bullying docente en el regreso a clases.
Tener un hijo adolescente es como subir a una montaña rusa:
Dicen que la crianza es un viaje, pero tener un hijo adolescente es como subir a una montaña rusa sin mapa. Entre crisis existenciales, neveras vacías, idiomas indescifrables y cambios de humor de Goofy a Maléfica, te presentamos la guía definitiva de supervivencia para padres. ¿Te suena? Sigue leyendo…
Spider-Man ahora surca los mares:
lo que la nueva Odisea nos recuerda sobre hablarles a los jóvenes Este año, un actor que millones de jóvenes conocen por saltar entre edificios con una telaraña se sube […]
Enseñar a los niños a caerse y a levantarse:
Hemos hablado mucho, en las últimas semanas, sobre cómo acompañar a los niños en momentos de crisis grandes: pérdidas, miedo, incertidumbre. Y aunque esas conversaciones eran necesarias, hoy queremos volver a algo igual de importante, pero mucho más cotidiano: cómo se construye, día a día, la capacidad de nuestros hijos para caerse y volver a levantarse.
Porque la resiliencia no nace únicamente en las grandes tragedias. Se entrena, silenciosamente, en lo pequeño…
Cómo ayudar a un niño con estrés postraumático:
Los niños no siempre tienen las palabras para explicar lo que sienten después de vivir algo tan fuerte como un terremoto, una pérdida, o el desplazamiento forzado de su hogar. A veces lo expresan con pesadillas. Otras, con un miedo repentino a quedarse solos… Esto tiene un nombre dentro de la psicología infantil: estrés postraumático, y aunque suena a un diagnóstico complejo, en realidad describe algo bastante comprensible: la forma en que el cuerpo y la mente de un niño procesan una experiencia que superó su capacidad de comprensión en el momento en que ocurrió.
Cuando el dolor se convierte en rabia
De todas las emociones que hemos hablado en esta serie —la tristeza, la nostalgia, la esperanza, la bondad—, hay una que casi nadie se atreve a nombrar en voz alta: la rabia.
Y sin embargo, está ahí. La sentimos, la guardamos, la disfrazamos de cansancio o de silencio, porque parece que no encaja con lo que «se supone» que debemos sentir en un momento como este… Pero, ¿rabia? Eso incomoda, hasta a nosotros mismos.
Mochilas ajenas:
Hay un tipo de cansancio que no viene de trabajar mucho, ni de dormir poco. Viene de cargar, sin darnos cuenta, mochilas que ni siquiera son nuestras.
Son las preocupaciones de otros que adoptamos como propias. Son las decisiones que dejamos de tomar por nosotros mismos porque siempre estamos calculando primero cómo afectarán a los demás… Y cuando ese peso se acumula, sentimos algo que solemos llamar culpa, pero que en realidad, muchas veces, es otra cosa completamente distinta: impotencia.
El mundo sigue girando, y eso también duele
ay una sensación muy particular, casi difícil de explicarle a quien no la ha vivido: la de estar detenido en el tiempo mientras todo a tu alrededor sigue avanzando sin pedirte permiso.
Tienes que salir a trabajar. Tienes que sonreír en una reunión. Tienes que seguir dando lo mejor de ti, aunque por dentro sientas que una parte tuya se quedó atrapada en las noticias de hace unos días… Y ahí aparece un miedo muy concreto, muy humano, y muy difícil de nombrar en voz alta: el miedo a que todos se hayan olvidado de lo que pasó en tu país.
Lo que se perdió no fue una casa: fue un hogar
Hay una diferencia enorme entre una casa y un hogar, y casi nunca la entendemos del todo hasta que uno de los dos desaparece.
Una casa son paredes, un techo, una dirección que se puede escribir en un papel. Un hogar es otra cosa completamente distinta. Es el lugar donde se hacían las reuniones de los domingos… donde confluían todos —los amigos de toda la vida, la familia completa— a compartir algo tan simple y tan grande como estar juntos.
Cuando la tierra tembló y esas paredes cayeron, lo que se perdió no fueron solo estructuras físicas. Se perdió el lugar donde se guardaba, sin que lo supiéramos del todo, una parte enorme de quiénes somos.
Organizar la esperanza:
Hay un momento en toda tragedia que nadie quiere nombrar, porque suena casi cruel decirlo en voz alta: lo peor no es el instante del derrumbe. Lo peor viene después.









