Quitarle el móvil no es un castigo:

Lo hemos hecho casi todas: nuestro hijo o hija hace algo que no debía, y la respuesta automática, casi refleja, es «se queda sin móvil». Se siente como una consecuencia lógica, contundente, justa. El problema es que, según la evidencia, no es ninguna de esas tres cosas.

Quitar el móvil no corrige el comportamiento. Lo pausa. Durante los días que dura el castigo hay silencio, sí, pero no hay aprendizaje.