Hay un tipo de cansancio que no se nota a simple vista. No es el cansancio de no dormir, aunque también. Es el cansancio de estar en dos lugares al mismo tiempo: con el cuerpo aquí, cocinando, llevando a los niños al colegio, respondiendo correos, y con el alma allá, pegada al teléfono, esperando la próxima noticia.
La bondad que también reconstruye
Cuando la tragedia golpea, la mirada se nos va, casi por instinto, hacia lo que se rompió. Los escombros, las pérdidas, los nombres que ya no responden. Y es natural que así sea… Pero si solo miramos eso, se nos escapa otra parte de la historia, una que también merece ser contada, porque también es real y también sostiene: la bondad que ha aparecido en medio de todo esto.
El aquí y el ahora:
Cuántas veces la hemos escuchado. En un libro, en una terapia, en labios de alguien que quería ayudarnos a soltar la ansiedad: «vive el presente». «El aquí y el ahora». Frases que, si somos honestos, muchas veces nos han sonado casi vacías… Hasta que llega un momento como este. Y de golpe, sin pedir permiso, esa frase deja de ser un adorno y se convierte en la verdad más cruda que existe.
Lejos pero no ausentes:
«La distancia geográfica no equivale a distancia emocional.» Para quienes están lejos de Venezuela con el corazón hecho pedazos y las manos vacías: por qué esta impotencia es real y tiene nombre, qué hacer con la culpa de estar a salvo, y cómo sostener esto sin que te consuma — sin que nadie te diga que «todo va a estar bien» cuando ambos saben que no es así.
Cuando la tierra tiembla y el mundo de un niño se rompe:
«A los niños no se les protege ocultándoles la realidad. Se les protege acompañándolos dentro de ella.» Una guía honesta para acompañar a tres tipos de niños afectados por el terremoto en Venezuela: los que lo vivieron de cerca, los que quedaron sin un adulto de referencia, y los que lo están absorbiendo desde lejos, a través de una pantalla y de la angustia de los adultos que aman. Sin frases vacías. Con lo que la psicología de catástrofes realmente recomienda.
El día que dejé de pedir perdón por existir
Hay una frase que muchas mamás dicen de forma automática antes de pedir cualquier cosa. No es educación. Es la señal de una creencia muy concreta: que ocupas demasiado espacio. Este artículo es para reconocerla.
Las mujeres que llegaron solas:
Hay mujeres que llegaron sin red, sin movimiento político detrás y sin que nadie les abriera la puerta. Y en vez de aplaudir eso, ciertos discursos feministas las cuestionan. Esta es la contradicción que pocos quieren nombrar en voz alta.
Cuando el sistema educativo se convierte en el problema
Este año mi hijo me dijo que estaba cansado. No de dormir poco. Cansado de verdad. Y el origen no era él. Era el sistema que se suponía que tenía que acompañarle.
Ansiedad adolescente:
En los años 80 lo llamábamos estrés. Hoy lo llamamos ansiedad. ¿Es lo mismo con otro nombre o algo ha cambiado de verdad? Los datos dicen que sí, y bastante. Esto es lo que sabemos y lo que podemos hacer.
Pantallas, redes sociales y adolescentes:
Tu hijo lleva horas con el móvil y tú no sabes cómo abordarlo sin que acabe en conflicto. La ciencia ya tiene respuestas. Y hay cosas que puedes hacer esta semana.









