El mundo sigue girando, y eso también duele

ay una sensación muy particular, casi difícil de explicarle a quien no la ha vivido: la de estar detenido en el tiempo mientras todo a tu alrededor sigue avanzando sin pedirte permiso.

Tienes que salir a trabajar. Tienes que sonreír en una reunión. Tienes que seguir dando lo mejor de ti, aunque por dentro sientas que una parte tuya se quedó atrapada en las noticias de hace unos días… Y ahí aparece un miedo muy concreto, muy humano, y muy difícil de nombrar en voz alta: el miedo a que todos se hayan olvidado de lo que pasó en tu país.

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Lo que se perdió no fue una casa: fue un hogar

Hay una diferencia enorme entre una casa y un hogar, y casi nunca la entendemos del todo hasta que uno de los dos desaparece.
Una casa son paredes, un techo, una dirección que se puede escribir en un papel. Un hogar es otra cosa completamente distinta. Es el lugar donde se hacían las reuniones de los domingos… donde confluían todos —los amigos de toda la vida, la familia completa— a compartir algo tan simple y tan grande como estar juntos.
Cuando la tierra tembló y esas paredes cayeron, lo que se perdió no fueron solo estructuras físicas. Se perdió el lugar donde se guardaba, sin que lo supiéramos del todo, una parte enorme de quiénes somos.

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El aquí y el ahora:

Cuántas veces la hemos escuchado. En un libro, en una terapia, en labios de alguien que quería ayudarnos a soltar la ansiedad: «vive el presente». «El aquí y el ahora». Frases que, si somos honestos, muchas veces nos han sonado casi vacías… Hasta que llega un momento como este. Y de golpe, sin pedir permiso, esa frase deja de ser un adorno y se convierte en la verdad más cruda que existe.

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Coaching para Mamás

Somos Adriana y Yoly, psicóloga y socióloga, madres y emprendedoras, que en 2014 fundamos Coaching para Mamás tras dar a luz con solo tres días de diferencia. Hoy, diez años después y desde Madrid y Medellín, reactivamos este proyecto con la misma pasión, convencidas de que el empoderamiento materno transforma familias y sociedades. A través de redes, talleres y encuentros como @mamasrunners, hemos acompañado a miles de madres. La pandemia nos detuvo, pero no apagó nuestro sueño. Porque ser mamá en tacones no es fácil… pero sí posible, con sororidad y resiliencia.

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